«Amal es símbolo de esperanza y prosperidad para los niños y las niñas del mundo, para que todos vivan en un mundo mejor”, dice el anfitrión ante miles de personas reunidas en una plaza de San Miguel Teotongo, en Iztapalapa, unas de las zonas de mayor índice de pobreza e inseguridad de Ciudad de México.
A un costado se ubica un centro social, que es también un comedor comunitario. El costo de la comida, para quien alcance esta ayuda del gobierno citadino, es de unos 65 centavos de dólar.
Frente al lugar, la propietaria de una juguetería, Socorro Zúñiga, de 70 años, cuenta a DW que su familia -como tantas otras- emigró a esa localidad hace medio siglo «cuando solo eran milpas (sembradíos) y cerros”, en busca de un futuro mejor que quedó en promesa. Sus ventas diarias son «de 50 pesos, 100 si me va bien, pero no alcanza ni para los impuestos”, explica con resignación.
Entre tanto, la multitud celebra la llegada de La Pequeña Amal, que representa a una niña refugiada siria de 10 años y es un ícono mundial de los derechos humanos. México es el país número 15 que visita y el primero de América Latina para crear conciencia sobre aquellos que han perdido su hogar a causa de la violencia, la persecución y las guerras.
Amal: ternura en la mirada
En Iztapalapa también se lucha por sobrevivir, pero en esta ocasión, el 19 de noviembre es día de fiesta: según los habitantes, nunca sucede algo así e incluso, esta vez, sorprendentemente hay policías en el barrio.
Amal, con su mirada dulce y sus gestos suaves, enternece a gran escala: mide 3,6 metros de alto porque «a los niños nadie los ve; así es imposible no verla”, explica a DW el británico David Lan, productor y codirector de The Walk Productions, la compañía que ideó a la marioneta.
Su travesía comenzó en junio de 2021, emulando el éxodo de miles de desplazados de Siria hacia Turquía que han huido de la guerra civil iniciada en el país árabe once años atrás.
El 6 de noviembre Amal llegó a México, cruzando la frontera desde Estados Unidos, donde hizo una gira de dos meses. En Tijuana, la primera de siete ciudades mexicanas que recorrerá hasta el 26 de este mes, visitó el muro fronterizo, junto al Océano Pacífico.
Hasta el momento de su caminata mexicana ha sido seguida por mares de gente en cada ciudad: en Monterrey, Guadalajara -donde solo en una de varias actividades reunió a unas 20 mil personas-, Zapopan y ahora Ciudad de México. En todas ellas, La Pequeña Amal visitó albergues de migrantes o refugiados y se han organizado actividades artísticas en torno a ella.














