La sonda espacial Psyche de la NASA, que partió de la Tierra el 13 de octubre de 2023, ya se encuentra más allá de la órbita de Marte y ahora está utilizando su revolucionario sistema de propulsión iónica para acelerar su travesía hacia el asteroide de igual nombre que ella, un astro rico en metales al que llegará en 2029.
El empuje se logra con la expulsión de átomos cargados, o iones, de xenón, lo cual deja una brillante estela azul tras la nave.
El empuje generado por los iones de xenón es muy débil. La presión que ejerce no supera la que sentimos en la palma de una mano cuando sostenemos en ella unas pocas monedas pequeñas.
La gran ventaja, sin embargo, es que ese empuje no cesa en unos minutos de funcionamiento constante como sí le ocurre a la propulsión química, sino que puede mantenerse meses o años, y con un uso muy inferior de combustible.
Gracias a ello, una nave puede aumentar poco a poco su velocidad hasta lograr que esta sea más elevada que la conseguible mediante los métodos tradicionales. La propulsión iónica no es apta para despegues, ni aterrizajes, ni otras maniobras que requieran mucha fuerza concentrada en poco tiempo, pero sí para travesías interplanetarias y hasta interestelares que no requieran maniobras bruscas.
La Psyche está ahora a una distancia de más de 300 millones de kilómetros y se desplaza a una velocidad de unos 37 kilómetros por segundo (unos 135.000 kilómetros por hora) con respecto a la Tierra. Con el tiempo, la Psyche alcanzará velocidades de hasta 200.000 kilómetros por hora.














