Cuando alguien asiste a una exposición, apenas se percata de que desde que inicia el recorrido visual y experiencial es guiado bajo un concepto pensado y diseñado para lograr una comunicación efectiva con el visitante. Nada se deja al azar en este proyecto conceptual y creativo.

De este trabajo se encarga el museógrafo, que es el profesional que combina habilidades creativas y prácticas, y aplica técnicas y conceptos relativos al funcionamiento de un museo para crear una experiencia cautivadora.

La importancia de su labor radica en su capacidad para comunicar de manera efectiva la historia, la cultura y la información a través de las exhibiciones, lo que enriquece la comprensión pública y la apreciación del patrimonio cultural y artístico.

Entre los aspectos que implica su tarea, se encuentran el diseño espacial, la iluminación, el etiquetado, los textos informativos, la señalización, la interactividad, la accesibilidad, la consideración del flujo de visitantes, la conservación, la seguridad, la estética coherente y los espacios de descanso, entre otros.