Nuestro sistema solar está atravesando actualmente la Nube Interestelar Local, una región de gas y polvo altamente diluidos entre las estrellas. Esta travesía está dejando una huella química característica en nuestro planeta. En un nuevo estudio, así se ha comprobado.
El estudio lo ha realizado un equipo internacional encabezado por Dominik Koll, del Centro Helmholtz de Dresde-Rossendorf (HZDR) en Alemania.
En la ruta que el Sol, la Tierra y los demás astros de nuestro sistema solar siguen por esta región de la galaxia, la Tierra acumula continuamente hierro-60, un isótopo radiactivo raro del hierro producido en explosiones estelares. Esto se ha confirmado en el citado estudio. Para llegar a esta conclusión, han resultado decisivos los análisis de hielo antártico de decenas de miles de años de antigüedad (que ha permanecido todo este tiempo sin descongelarse).
El hierro-60 se forma en el interior de estrellas masivas y se expulsa al espacio cuando explotan. A través de muestras geológicas antiguas, se sabe que nuestro sistema solar recibió en dos ocasiones, hace millones de años, ráfagas intensas de hierro-60, disparadas desde supernovas. Sin embargo, en tiempos más recientes no se han producido explosiones estelares cercanas, y por lo tanto, no puede haber llegado nada de hierro-60 a la Tierra por esta vía. Por eso, cuando hace unos años se descubrió hierro-60 en nieve superficial de la Antártida, la cual tenía menos de veinte años de antigüedad, quedó claro que debía provenir de una fuente cósmica alternativa.














