Valiéndose de una red de detectores de ondas gravitacionales, unos científicos han captado una manifestación de esta clase, delatadora de la naturaleza de su fuente: la colisión y fusión entre dos agujeros negros, con una masa total superior a la de todos los demás casos detectados hasta ahora.
A la señal detectada se le ha dado el nombre de GW231123.
Esta red de detectores de ondas gravitacionales la integran LIGO, Virgo y KAGRA. LIGRO es un observatorio doble, con dos detectores operando desde puntos distintos de Estados Unidos: uno en el estado de Luisiana y el otro en el de Washington. Virgo está emplazado en Italia. KAGRA, en Japón.
La primera detección directa de ondas gravitacionales de la historia la logró el LIGO, en 2015. El punto de origen fue una colisión y fusión entre agujeros negros. El agujero negro resultante tiene una masa de 62 veces la de nuestro Sol.
Las ondas gravitacionales son “arrugas” en el espacio-tiempo que nuestra tecnología actual puede detectar cuando son emitidas desde puntos en los que se desencadenen movimientos extremos de masas enormes, como por ejemplo el choque y fusión entre dos agujeros negros.
El equipo responsable de la detección de GW231123 lo integran científicos que colaboran en tales observatorios de ondas gravitacionales, entre ellos Dave Reitze, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en Estados Unidos, Charlie Hoy, de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido, y Mark Hannam, de la Universidad de Cardiff en el Reino Unido.














