Corrupción política la hay en todos los países, incluyendo los de las llamadas democracias libres y de larga experiencia. Centrar la depravación en una sola nación como ha hecho con República Dominicana el Partido Popular de España es perverso e injusto.
El socialismo español vive su peor momento reputacional desde la llegada al poder de Felipe González. El presidente Sánchez ha arrinconado a las grandes figuras del PSOE y ha consentido y sigue tolerando actitudes indecorosas de ex ministros y altos cargos del Estado y el partido con tal de seguir gobernando.














