Hace años, la capa de ozono estuvo amenazada por los daños que en ella causaban los clorofluorocarbonos (CFCs), compuestos químicos que se usaban mucho por aquel entonces. Un cambio en las actividades humanas culpables del problema evitó males mayores. Sin embargo, miles de años antes una erupción volcánica provocó efectos peores y la humanidad sufrió la que quizá haya sido la peor etapa de su historia, en cuanto a reducción de la población, que llegó a ser de tan solo unas diez mil personas o menos.
Es probable que un debilitamiento catastrófico de la capa de ozono sobre los trópicos contribuyera a esa disminución extrema de la población humana hace entre 60.000 y 100.000 años. La pérdida de ozono, provocada por la erupción del supervolcán Toba, situado en la actual Indonesia, podría resolver un rompecabezas evolutivo que los científicos llevan décadas debatiendo.
Esta es la conclusión a la que ha llegado en una investigación reciente el equipo internacional de Georgiy Stenchikov, de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST) en Arabia Saudita.
Las grandes erupciones volcánicas emiten gases y cenizas que crean una capa de aerosol que atenúa la luz solar en la estratosfera, provocando un enfriamiento en la superficie de la Tierra. Este «invierno volcánico» tiene múltiples efectos en cadena, como el enfriamiento de los océanos, la pérdida de cosechas, la hambruna consecuente y diversas enfermedades.














