Los manglares de la República Dominicana representan mucho más que un ecosistema costero. Una investigación científica publicada en la revista internacional Ocean & Coastal Management concluye que su degradación está vinculada con variables centrales de la economía dominicana, entre ellas el crecimiento del producto interno bruto (PIB), la llegada de turistas internacionales y la capacidad de alojamiento turístico.

El estudio, titulado Mangrove Degradation and Tourism-Driven Economic Dynamics in a Caribbean SIDS: Evidence from a VECM, fue realizado por los investigadores Víctor Gómez-Valenzuela, Katerin Ramírez y Solhanlle Bonilla-Duarte, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). A partir de 29 años de datos anuales, correspondientes al período 1995-2023, los autores identificaron relaciones estadísticamente significativas entre el capital natural de los manglares y diferentes indicadores económicos y turísticos del país.

Uno de los resultados que más atención ha generado es una estimación de aproximadamente US$75 millones anuales de exposición económica asociada a la degradación observada de los manglares. La cifra, sin embargo, requiere una interpretación precisa: no representa una pérdida presupuestaria del Estado dominicano, una reducción directa de los ingresos fiscales ni una cantidad que el sector turístico pierda necesariamente cada año. Se trata de una estimación del valor económico expuesto a la degradación del capital natural de los manglares dentro del marco analítico utilizado por los investigadores.

Una investigación que conecta ecología y economía

La investigación parte de una cuestión especialmente relevante para un país cuya economía tiene una fuerte relación con el turismo costero: ¿hasta qué punto el deterioro de los manglares puede estar relacionado con la evolución de la actividad económica y turística?

Para responderla, los investigadores utilizaron un Vector Error Correction Model (VECM), o Modelo Vectorial de Corrección de Errores, una herramienta econométrica diseñada para estudiar relaciones dinámicas entre diferentes series de datos a lo largo del tiempo.

El modelo permitió analizar conjuntamente cuatro variables principales: el PIB real, las llegadas de turistas internacionales, la capacidad de alojamiento turístico y el capital natural de los manglares.

La utilización de un VECM resulta especialmente relevante porque permite distinguir entre las relaciones de corto plazo y aquellas que se mantienen en el largo plazo. En términos sencillos, el modelo no se limita a comprobar si dos variables suben o bajan simultáneamente, sino que analiza si forman parte de una relación económica estable a largo plazo y cómo reaccionan cuando el sistema experimenta alteraciones.

El estudio utilizó datos correspondientes a 29 años, desde 1995 hasta 2023, y aplicó pruebas de cointegración mediante el método de Johansen. Los resultados identificaron una relación de equilibrio de largo plazo entre las variables analizadas.

¿Qué encontraron los investigadores?

Los resultados muestran una relación estadísticamente significativa entre la degradación de los manglares y determinados indicadores económicos y turísticos durante el corto plazo.

De acuerdo con el estudio, la degradación del capital natural de los manglares está asociada con efectos negativos sobre el crecimiento del PIB, las llegadas de turistas internacionales y la capacidad de alojamiento turístico.

La relación presenta distintos niveles de significación estadística. Para el crecimiento del PIB, el estudio reporta un valor de p=0,001; para las llegadas de turistas internacionales, p=0,046; y para la capacidad de alojamiento, p=0,052.

Estos resultados deben interpretarse dentro del modelo y no como una afirmación de que cada pérdida de manglar provoque automáticamente una reducción equivalente del PIB o del turismo. La economía dominicana está determinada por numerosos factores y el estudio no sostiene que la degradación de los manglares sea la única causa de los cambios observados.

Una de las aportaciones más importantes de la investigación es precisamente que intenta identificar la relación entre estas variables dentro de un sistema económico y ambiental de largo plazo.

Una relación de largo plazo con el PIB

El análisis también encontró una relación positiva y estadísticamente significativa de largo plazo entre el capital natural de los manglares y el PIB.

En términos económicos, esto sugiere que una mayor disponibilidad de capital natural asociado a los manglares está relacionada con un nivel de equilibrio económico más elevado dentro del sistema analizado.

Los autores interpretan este resultado como evidencia de que la pérdida de capital natural puede limitar la trayectoria de crecimiento económico sostenible de un país cuya actividad turística depende en gran medida de sus recursos costeros.

La conclusión no significa que los manglares determinen por sí solos el crecimiento de la República Dominicana. Factores como la inversión, el comercio, la productividad, las condiciones internacionales, el empleo, las políticas económicas y la demanda turística también tienen un papel fundamental.

Lo que aporta el estudio es evidencia de que el capital natural puede formar parte de la ecuación económica de una manera que tradicionalmente no siempre queda reflejada en las estadísticas macroeconómicas convencionales.

Qué significa realmente la estimación de US$75 millones

La cifra de US$75 millones requiere especial atención porque puede ser fácilmente malinterpretada.

El estudio estima que la exposición económica anual asociada a las tasas de degradación observadas es de aproximadamente US$75 millones. Los autores relacionan esta estimación con el valor de los servicios proporcionados por los ecosistemas costeros y marinos de la República Dominicana.

Por tanto, no debe afirmarse que la República Dominicana pierde US$75 millones de su presupuesto cada año. Tampoco equivale automáticamente a US$75 millones menos de ingresos turísticos, beneficios empresariales o recaudación fiscal.

El concepto de “economic exposure” utilizado en la investigación se refiere al valor económico que se encuentra expuesto o potencialmente afectado por la degradación del capital natural.

Una manera más precisa de explicarlo es entenderlo como una medida económica del valor que puede verse comprometido cuando se deteriora un ecosistema que proporciona servicios relevantes para la actividad humana y económica.

Esta diferencia no es meramente semántica. Una pérdida presupuestaria es un dato contable concreto; una exposición económica es una estimación del valor económico sujeto a riesgo o afectado por una determinada condición ambiental.

El propio estudio señala que los aproximadamente US$75 millones equivalen al 4,2% del valor estimado de los servicios de los ecosistemas costeros y marinos considerados en su análisis. Para una explicación más detallada de estos resultados y de sus implicaciones para la economía dominicana, DominicanScope publicó un análisis de la relación entre la degradación de los manglares y la economía del país.

Los manglares como infraestructura natural

El interés económico de los manglares está relacionado con los servicios que proporcionan.

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la República Dominicana reconoce que los ecosistemas de manglar contribuyen, entre otras funciones, a la protección frente a la erosión costera, la mejora de la calidad del agua, el mantenimiento de hábitats para especies marinas y la protección frente a determinados impactos costeros.

Una guía metodológica oficial del Ministerio también identifica entre los servicios ecosistémicos de los manglares la defensa frente al viento y el oleaje, el control de inundaciones y erosión costera, la protección frente a la intrusión salina, la filtración del agua y el sostenimiento de la producción pesquera.

Estas funciones pueden tener consecuencias económicas aunque no exista una transacción comercial directa asociada a ellas.

Por ejemplo, la protección natural de una costa no aparece necesariamente como un ingreso en las cuentas de un hotel, pero puede contribuir a reducir determinados riesgos físicos para las infraestructuras y los territorios costeros. Del mismo modo, la función de los manglares como hábitat para especies marinas puede favorecer actividades pesqueras que forman parte de las economías locales.

Por esta razón, el estudio considera los manglares como una forma de capital natural: un activo ambiental que genera servicios capaces de contribuir al bienestar y a la actividad económica.

Una cuestión especialmente relevante para el turismo dominicano

La relación con el turismo resulta fundamental para entender la importancia de los resultados.

La República Dominicana ha desarrollado buena parte de su oferta turística alrededor de zonas costeras, desde Punta Cana y Bávaro hasta La Romana, Bayahíbe, Puerto Plata y la península de Samaná.

Los visitantes no consumen únicamente servicios hoteleros. También consumen, de forma directa o indirecta, el entorno natural que hace atractivos esos destinos: playas, arrecifes, aguas costeras, paisajes, biodiversidad y otros ecosistemas.

El estudio no afirma que los manglares sean responsables de una proporción concreta de los ingresos turísticos del país. Su contribución consiste en mostrar que las variaciones del capital natural de los manglares están estadísticamente relacionadas con variables como las llegadas de visitantes y la capacidad turística.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia a medida que el desarrollo turístico continúa aumentando la importancia económica de las zonas costeras.

Los datos oficiales confirman la dimensión del recurso

Las estadísticas ambientales oficiales muestran que los manglares ocupan una superficie relevante dentro de los bosques de la República Dominicana.

El Atlas de Estadísticas Ambientales de la República Dominicana 2024, elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) a partir de información del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, registra 269,94 kilómetros cuadrados de bosque de manglar en 2022, equivalentes a 26.994,22 hectáreas.

El mismo atlas señala que los manglares representan el 1,44% de la cobertura forestal nacional.

La cifra permite dimensionar el recurso, pero no debe confundirse con una medición directa de degradación durante todo el período analizado por el estudio. El trabajo científico utiliza una serie de capital natural de manglares dentro de su modelo econométrico, mientras que las estadísticas oficiales de cobertura forestal corresponden a mediciones específicas y metodologías determinadas.

Esta distinción es importante para evitar comparar cifras que no fueron construidas exactamente con el mismo propósito.

La protección de manglares también es una cuestión de resiliencia

El debate sobre los manglares ha adquirido una dimensión adicional en el contexto de los riesgos climáticos y costeros.

Las autoridades ambientales dominicanas consideran estos ecosistemas parte de la infraestructura natural que contribuye a reducir determinados riesgos asociados con tormentas, inundaciones, erosión y otros procesos costeros.

En junio de 2026, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales presentó la primera Evaluación Nacional de los Ecosistemas de la República Dominicana. El informe estimó que los ecosistemas del país aportan entre el 4,2% y el 7,6% del PIB nacional a través de sus servicios ecosistémicos, y señaló que los ecosistemas costero-marinos generan aproximadamente US$1.790 millones al año en servicios relacionados con la actividad económica y el bienestar.

Este contexto no forma parte del cálculo específico de los US$75 millones realizado por el estudio de Gómez-Valenzuela, Ramírez y Bonilla-Duarte. Sin embargo, ayuda a situar la investigación dentro de un debate más amplio que ya está presente en la política ambiental dominicana: cómo incorporar el valor económico de los ecosistemas en las decisiones de desarrollo.

Lo que el estudio no demuestra

La investigación presenta resultados relevantes, pero sus conclusiones deben mantenerse dentro de los límites de la metodología utilizada.

El estudio identifica relaciones estadísticas de corto y largo plazo y utiliza pruebas de causalidad de Granger. Sin embargo, la causalidad de Granger no significa que el modelo haya demostrado una relación causal física directa en el sentido convencional.

En términos sencillos, una variable puede aportar información predictiva sobre otra porque sus movimientos anteriores ayudan a explicar los movimientos posteriores de esta última. Eso no significa necesariamente que todos los cambios de una variable sean provocados por la otra.

El estudio tampoco sostiene que la degradación de manglares sea responsable por sí sola de los cambios en el PIB o el turismo.

La economía dominicana está expuesta a numerosos factores externos e internos: evolución de la economía mundial, demanda internacional de viajes, conectividad aérea, inversión, condiciones financieras, cambios en las preferencias de los consumidores, fenómenos climáticos y acontecimientos extraordinarios, entre muchos otros.

La fortaleza del trabajo está en identificar una relación ecológica y económica dentro de un sistema estadístico de largo plazo, no en reducir toda la evolución de la economía dominicana a la situación de los manglares.

Por qué el resultado puede cambiar la conversación sobre conservación

Uno de los principales aportes del estudio es que permite analizar la conservación ambiental desde una perspectiva económica sin reducirla exclusivamente a una cuestión financiera.

Cuando un ecosistema se presenta únicamente como un recurso natural, su protección puede competir en determinados procesos de planificación con otros usos del territorio.

Cuando ese mismo ecosistema se considera también una forma de capital natural, la discusión cambia. La pregunta deja de ser únicamente cuánto cuesta protegerlo y pasa a incluir cuánto valor económico y social puede estar expuesto si se deteriora.

Esto resulta particularmente relevante en un país donde una parte importante de la actividad turística se desarrolla en zonas costeras.

La protección de los manglares no implica detener el desarrollo turístico. El desafío consiste en encontrar mecanismos de planificación capaces de compatibilizar la expansión económica con el mantenimiento de los sistemas naturales que contribuyen a sostenerla.

Una señal para la planificación costera

Los resultados de la investigación sugieren que las políticas de conservación de manglares pueden tener implicaciones que van más allá de la gestión ambiental.

La planificación territorial, la evaluación ambiental de proyectos, la gestión de aguas residuales, la protección de humedales y la planificación de nuevas infraestructuras costeras pueden influir en la capacidad de los ecosistemas para continuar proporcionando sus servicios.

En este sentido, el Ministerio de Medio Ambiente dispone de procedimientos de autorización ambiental para proyectos, obras y actividades, así como de mecanismos de asistencia técnica para la rehabilitación y saneamiento de ecosistemas costeros y marinos.

El estudio científico no evalúa proyectos concretos ni determina qué desarrollos deberían aprobarse o rechazarse. Su aportación se sitúa en otro nivel: ofrece evidencia macroeconómica que puede ser considerada cuando se analiza el valor de conservar el capital natural del país.

Una investigación con implicaciones que van más allá de los manglares

El caso dominicano puede resultar relevante para otros pequeños Estados insulares en desarrollo, conocidos internacionalmente como SIDS, cuyas economías también dependen de recursos costeros y turísticos.

El método utilizado por los investigadores permite explorar cómo un activo natural puede relacionarse con variables económicas nacionales durante períodos prolongados.

Esto abre una línea de investigación que podría ampliarse en el futuro mediante datos espaciales más detallados, información específica de destinos turísticos y estudios sobre ecosistemas individuales.

El propio trabajo se presenta como un complemento de los análisis espaciales y de teledetección utilizados habitualmente para estudiar cambios en los ecosistemas costeros. Mientras esas herramientas pueden mostrar dónde se producen cambios ambientales, el enfoque econométrico utilizado por los investigadores busca identificar cómo esos cambios se relacionan con la dinámica económica nacional.

La importancia de medir lo que normalmente no aparece en las cuentas

El debate sobre capital natural plantea una cuestión de fondo para cualquier economía dependiente de sus recursos ambientales.

Una carretera, un aeropuerto o un hotel tienen un valor económico que puede aparecer en inversiones, balances y estadísticas. Un manglar, en cambio, puede prestar servicios económicos durante décadas sin que exista una factura asociada a cada uno de ellos.

La pérdida de ese ecosistema puede, por tanto, permanecer parcialmente invisible hasta que sus funciones deben ser sustituidas por infraestructura artificial o hasta que aparecen daños económicos derivados de su deterioro.

La investigación de INTEC intenta hacer visible una parte de esa relación.

Su estimación de US$75 millones no debe interpretarse como un precio definitivo de los manglares dominicanos. Es una estimación económica obtenida a partir de un modelo concreto, un conjunto específico de datos y una valoración determinada de los servicios ecosistémicos.

Pero precisamente por eso resulta útil: proporciona una magnitud que permite incorporar el deterioro del capital natural a conversaciones que tradicionalmente se han desarrollado por separado en los ámbitos ambiental y económico.

Una advertencia para un modelo de desarrollo dependiente de la costa

La principal conclusión que puede extraerse del estudio no es que los manglares tengan un precio de US$75 millones.

La conclusión más importante es que su deterioro aparece vinculado, dentro del modelo analizado, con variables que son fundamentales para la economía dominicana.

La investigación encuentra efectos negativos de corto plazo asociados con el crecimiento económico, las llegadas de turistas y la capacidad de alojamiento, además de una relación positiva de largo plazo entre el capital natural de manglares y el PIB.

En un país cuyo desarrollo turístico se ha apoyado fuertemente en sus costas, estos resultados ofrecen una razón adicional para considerar la conservación de los ecosistemas como parte de la planificación económica y no únicamente como una política ambiental.

Sobre DominicanScope

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