En las ruinas de una antigua ciudad que algunos creen que puede corresponder a la Sodoma mencionada en la Biblia, se han encontrado señales inequívocas de una destrucción que no puede explicarse por catástrofes naturales corrientes ni por un incendio artificial.

 

Un equipo de investigación que incluye a Sid Mitra de la Universidad del Este de Carolina en Estados Unidos, ha presentado pruebas de que una ciudad de la Edad del Bronce Medio llamada Tall el-Hammam, situada en el valle del Jordán al nordeste del Mar Muerto, fue destruida por la explosión en pleno aire de un objeto cósmico.

 

La excavación arqueológica del lugar comenzó en 2005, y los investigadores se han interesado especialmente por una capa de 1,5 metros de grosor de carbón y ceniza en toda la ciudad. Dicha capa, delatadora de la destrucción, data de alrededor del año 1650 a.C. (hace unos 3.600 años) y contiene cerámica y ladrillos de barro fundidos, carbono con aspecto de diamante, hollín, restos de yeso fundido y minerales fundidos como circón, cromita y cuarzo, así como otros que albergan platino, iridio, níquel, oro y plata.

 

Estas son pruebas de combustión a muy alta temperatura en todo el yacimiento arqueológico. Y, tal como subraya Mitra, en aquella época, la Edad del Bronce Medio, no existía tecnología con la cual fuera posible generar combustiones con temperaturas tan altas.

 

El yacimiento incluye un enorme complejo palaciego con gruesos muros y una puerta monumental, gran parte de la cual fue destruida.

 

Los investigadores desarrollaron la hipótesis de que la catástrofe la produjo un meteoro del tipo conocido como bólido que acabó estallando en la atmósfera. Los investigadores compararon las huellas de aquel presunto estallido con las de una explosión ocurrida en 1908 sobre Tunguska (Rusia), donde detonó un bólido de 50 metros que generó 1.000 veces más energía que la bomba atómica de Hiroshima.

 

Se recurrió a investigadores de diversos campos para analizar las huellas de la explosión en Tall el-Hammam. Uno de los científicos reclutados fue Mitra, cuyo laboratorio está especializado en el análisis del hollín.

 

«Analizamos el hollín de este lugar y vimos que una gran parte del carbono orgánico es hollín, y eso no puede ocurrir a menos que haya temperaturas muy altas», explica Mitra. «Así que eso es lo que nos llevó a apoyar la hipótesis de que se trataba de un incendio de muy alta temperatura. … Y eso a su vez apoyó la idea de que se trataba de una fuente de energía externa, como un meteoro».