La autoestima, a menudo definida por la competencia y el merecimiento, es mucho más que la capacidad de superar retos y obtener recompensas. Es un viaje interior de aceptación y amor propio que trasciende los logros y el reconocimiento social.
Esto nos invita a reflexionar sobre la complejidad de la autoestima. Una persona competente, pero que no se siente merecedora, puede alcanzar el éxito, pero no disfrutarlo plenamente. Por otro lado, alguien que se siente merecedor, pero carece de habilidades, puede caer en la autocomplacencia.
Asimismo, una persona que cumpla con ambos es probable que conforme pase el tiempo, pueda que se cuestione si lo hace por sí misma o los demás, en fin, esto muestra que la autoestima no se limita a la evaluación de habilidades o al reconocimiento externo.














