El viaje comenzó en una mañana soleada de febrero. La ciudad aún no dejaba ver del todo el espectáculo rosado de los cerezos, pero las ramas de los sakuras ya asomaban el anuncio de la primavera. Era uno de esos días en que el frío no espanta la emoción, y el itinerario prometía: Kobe, una ciudad marcada por la tragedia, la resiliencia y la elegancia.

Se embarcó en esta travesía un grupo diverso de latinoamericanos: una cubana, una costarricense, un guatemalteco, un panameño, una salvadoreña, una hondureña y una dominicana. Eran parte del programa Juntos, una iniciativa del gobierno japonés que permite a jóvenes líderes estrechar vínculos culturales con el país.