Cuando Luz, una compañera de trabajo de LISTÍN DIARIO, sugirió escribir la historia del doctor José Ángel De León López, era imposible pensar que se trataba de un muchacho de 30 años. La mente se preparó para ir a recibir en la Recepción de este diario, a ese señor de al menos los terceros “ta” (50 en adelante). Muy simpático y educado se presenta dejando claro que a veces esos títulos médicos le juegan una mala pasada a cualquiera haciéndole pensar que siempre tienen que ser bien adultos.

No se puede negar que su juventud no sólo causó sorpresa, sino también alegría. Es digno de aplaudir la hazaña de un muchacho que salió de un campito apartado de San Francisco de Macorís y que nació en el seno de una familia de escasos recursos, para representar su país como atleta de judo en diferentes partes del mundo, y por si fuera poco, estudiando en la universidad al mismo tiempo.

“No te puedo negar que pasé mucho trabajo. A los 18 años vine a la capital como parte de la selección de judo del país. Vivía en el Centro Olímpico, me pagaban 3,900 pesos y con eso compraba la cena e iba a la universidad que me quedaba en la Isabel Aguiar. Había días que no tenía para el pasaje y me iba caminando desde el Olímpico hasta allá. Me ponía a mirar los edificios y a entretenerme para no desesperarme, porque tenía claro que mi objetivo era convertirme en médico”. No hay duda. Dice que desde niño se inclinaba por todo lo que tenía que ver con medicina. Bueno, tanto es así que, para lograrlo llegó a tomar entre 15 y 20 materias en la universidad, y aun así, no se descuidaba de su competición. Aprovechó esa facilidad que daba Utesa.