Construir las sociedades que queremos -más justas, prósperas, participativas y sostenibles- requiere el esfuerzo de todos los sectores. Entre estos, por supuesto, tiene un papel protagónico la academia, como generadora de conocimiento, innovación y soluciones con impacto, y a través de la formación de profesionales conscientes y comprometidos con su comunidad.
Pero convertir jóvenes universitarios en líderes capaces y empáticos que participen y responsablemente en los asuntos públicos no sucede por casualidad. Lograr la competencia de compromiso ciudadano en los estudiantes exige articular experiencias académicas con intervención social, diálogo público y reconocimiento de referentes éticos.














