No se dice lo suficiente lo buena película que es ‘Joker’. Es verdad que su mensaje podía ser peligroso y el guion tenía algunas cosas que chirriaban, pero el mejunje de ‘Taxi Driver’ y ‘El rey de la comedia’ versión Gotham que se sacó Todd Phillips de la manga para contar una historia de orígenes del antihéroe más famoso es espectacular. Y añado que, volviéndola a ver estos días, está envejeciendo bien.

Todd Phillips juró y perjuró que ‘Joker’ no tendría secuela porque ni él ni Joaquin Phoenix querían. Pero claro, llega Warner, ofrece 200 millones, y lo que era un no rotundo se convierte en un sí. Ahora solo le quedaba un pequeño reto por delante a la nueva Joker: Folie à Deux: estar a la altura de un filme que ganó el León de Oro en Venecia y dos Oscar, incluido el de mejor actor.

Para ello, el director estadounidense bien podría haber optado por llevar a las salas la misma fórmula que hizo grande a la cinta de 2019. Un trabajo sin riesgo que ofreciera rendimiento asegurado. Pero no, tanto Phillips como Scott Silver, que vuelven a firmar el guion, tenían algo completamente diferente entre manos. Un all-in que rompiera lo establecido, que significara puerta grande o enfermería. Y aunque se agradece el afán por sorprender, tocó enfermería.