La vida de niñez y juventud de Jochy Santos no tuvo mayores tropiezos. Fue un niño feliz que se crió en el ambiente de los sectores capitalinos Don Bosco, Miraflores y San Carlos, tras la caída de la dictadura trujillista en el país.

El muchacho no tenía esos grandes sueños profesionales, pero uno lo alentó siempre: ser locutor. Y lo logró. De tal manera que su nombre quedó inmortalizado desde la noche del miércoles 18 de marzo cuando la Asociación de Cronistas de Arte le otorgó el Gran Soberano de los Premios Soberano 2026.