Si no fuera por el rifle que carga, se podría creer que es menor de edad. Lleva ropa de civil, amplio acné en el rostro y unos ojos celestes que aún no despiertan en la adultez y que cargan con el peso de toda una nación.

Camina con naturalidad hasta sentarse en un café a compartir sonrisas con unos conocidos. Otro muchacho se desmonta de su auto, algo ajetreado, se tercia un rifle similar y acelera el paso hasta perderse en una callejuela.