El tránsito de la humanidad a través de las diferentes generaciones de la Revolución Industrial ha debilitado el equilibrio del medio ambiente, disminuyendo la calidad y su capacidad de regenerarse. A partir de la tercera revolución industrial la comunidad científica toma consciencia de la necesidad de salvaguardar la biodiversidad del planeta.

En ese momento, el surgimiento de las ciencias ambientales con carácter interdisciplinario toma auge y se presenta de urgencia en las agendas gubernamentales y no gubernamentales, así como en organismos internacionales. Se asume el criterio de responsabilidad ambiental y social del empresariado. Asimismo, la sociedad adopta un modelo de formación global del individuo para las nuevas generaciones, insertando en los planes de estudio el cuidado y preservación del medio ambiente como eje transversal.

Las actividades agrícolas, industriales y comerciales que realiza el ser humano dejan su huella negativa en el planeta. Cuando la producción de bienes y servicios se fundamenta sin criterios ambientalistas por razones de rentabilidad, costo y ganancia, la conservación de los recursos naturales se sacrifica y terminan por degradarse irreversiblemente.

Se hace inminente cambiar el rumbo que durante las dos últimas centurias nos ha volcado a un punto de inflexión donde es ahora y no mañana que tenemos que dar cambiar de dirección en la relación humano-naturaleza. Solo la educación con enfoque ambientalista puede garantizar este cambio.