El grito contra la impunidad por el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero y los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil en El Salvador (1980-1992) se elevó ayer de la garganta de cientos de manifestantes para compartir los altares junto al obispo mártir, que será canonizado el domingo.
La columna de activistas de derechos humanos, feligreses y familiares de desaparecidos durante la guerra civil (1980-1992) serpenteó por las principales calles de San Salvador y el eco de sus consignas resonó en varios sitios en los que corrió la sangre en antaño.
«Tu pueblo te hizo santo y pide justicia», gritaron los caminantes ataviados con camisas y pañoletas con el rostro del beato salvadoreño, que también se multiplicó en pancartas y afiches con su nombre y mensajes.
José Lazo, de la organización Pro-Búsqueda, dijo a Efe que la marcha se dio «en el marco de la alegría de la santificación» del «pastor mártir» de El Salvador, pero que también serviría para recordarle a la Justicia y al Estado sus «deudas».
«Es una vergüenza el tener un santo universal que encabeza la lista de víctimas de la represión del conflicto armado que no han tenido justicia en este país» y «su caso es un emblema de la impunidad», señaló Lazo.
«La voz de lo sin voz», como es conocido el religioso, fue asesinado por un francotirador de un comando armado de la ultraderecha el 24 de marzo de 1980, la causa penal fue cerrada en 1993 y hasta mayo de 2017 un juez instructor ordenó su reapertura.
Las cuentas del rosario de arbitrariedades del Estado salvadoreño son varias, según el ombudsman salvadoreño en funciones, Ricardo Gómez, y van desde el rechazo de la declaración del chófer del vehículo que transportó al francotirador hasta la falta de una orden de captura contra el supuesto autor intelectual, Roberto D’Abuisson.
«Tras su ejecución extralegal, las diversas instituciones públicas encargadas de la investigación del delito en el país se concertaron para que esa grave violación al derecho a la vida quedase impune y no se conociera desde el ámbito forense a los autores materiales e intelectuales», señaló Gómez en una resolución que fue leía en la marcha.
Los «romeristas» comenzaron su marcha desde la Plaza al Divino Salvador del Mundo, donde Romero fue beatificado en mayo de 2016 ante miles de personas, y se dirigieron hacia la sede del Tribunal Cuarto de Instrucción.
Pero los marchantes no solo pidieron por la causa del obispo, llamado desde hace muchos años «San Romero de América», sino que clamaron por los desaparecidos y ejecutados antes y durante la guerra civil.
Mujeres y hombres, la mayoría con el paso lento por los años vividos, llevaban junto al rostro de Romero fotografías de desaparecidos, que según diversas fuentes fueron entre 8.000 y 10.000.
«Dame una luz, ayuda a encontrar desaparecidos, porque está prohibido dejarlos en el olvido», sonaba una canción por los altavoces.














