Aunque parezca mentira, Ridley Scott no tiene ningún Oscar, pese a haber sido nominado en cuatro ocasiones (tres como director, una como productor). Sin embargo, a sus 86 años, el cineasta británico sigue siendo el ejemplo de que los premios no significan nada, especialmente cuando tu nombre ha sido sinónimo de cine, entretenimiento y espectáculo durante cuatro décadas.

Scott pertenece al selecto grupo de directores que, pese a los inevitables traspiés de una carrera dilatada y prolífica, han sobrevivido después de disfrutar de su época de esplendor en los 70, 80 y 90, para seguir en lo más alto de la industria del cine a día de hoy. Después de títulos tan influyentes y fundacionales como ‘Alien, el octavo pasajero’, ‘Blade Runner’ o ‘Thelma & Louise’, Scott le dio al mundo en el año 2000 un nuevo clásico con ‘Gladiator’, el icónico péplum moderno que funciona como bisagra de su filmografía entre el siglo XX y el siglo XXI.