Ciertamente Gilbert Gómez está muy lejos de ser un Salón de la Fama de Cooperstown, pero puede darse el lujo de decir algo que ningún otro: ya ganó en Lidom, y fue el dirigente más joven en hacerlo.
No debería ser un secreto para nadie que dirigir en el béisbol invernal dominicano supone un gran desafío, por razón muy específica: ningún equipo nunca está en reconstrucción, por lo que ser campeón es la única manera de no terminar en fracaso.
Pero, a esa gran responsabilidad se le debe colocar varias libras más en su peso cuando se trata de dirigir a los Tigres del Licey, y no es para menos, es el equipo más ganador, el que tiene más fanáticos, y en el que ser subcampeón nunca es una opción.














