Sin rumbo, sin consuelo y sin un lugar para honrar a sus seres queridos fallecidos, así es la dura realidad que enfrentan los familiares de las 12 personas desaparecidas durante la explosión ocurrida en agosto del año pasado en la provincia San Cristóbal.
Han pasado ocho meses y 18 días desde aquel trágico incendio que se cobró la vida de 38 personas. Mientras algunas familias pudieron sepultar a sus seres queridos, otras quedaron sumidas en la tristeza y el vacío de no recibir un cuerpo.














