La dermatitis atópica (DA), también conocida como eccema, se desencadena por diversos factores; sin embargo, se ha demostrado una asociación directa con el estrés, dado que este puede actuar como impulsor de los brotes en un 40% – 50% de los casos.
Esta relación entre el estrés y la DA es bidireccional; es decir, el estrés puede empeorar la enfermedad, pero la propia dermatitis atópica y sus tratamientos también pueden generar estrés en los pacientes, ya que las lesiones físicas causan malestar, estigmatización y una percepción negativa de sí mismos.
La dermatitis atópica es una afección crónica de la piel que causa sequedad, picazón e inflamación. Aunque es común en los primeros años de vida, puede manifestarse a cualquier edad, empeorando periódicamente. No es contagiosa, pero sí muy irritante.
Si bien la causa principal de esta enfermedad sigue siendo desconocida, el estrés es uno de los factores que incrementa el riesgo de que el organismo padezca DA o acelere el proceso de la misma. Por ello, la ayuda psicológica puede considerarse un recurso primario en el tratamiento de esta enfermedad, complementando lo recetado por el médico.














