La figura del hombre siempre se ha asociado con fuerza, la misma que dio origen al estereotipo de que éstos no lloran, pues se puede interpretar como una señal de debilidad. Pero lo cierto es que hay situaciones que desbordan las emociones y uno de esos casos es el divorcio.
Más allá del dolor que pueda provocar la ruptura del matrimonio, para el hombre puede llegar a ser aún más traumática la pérdida del acceso a los hijos, pues la alteración drástica de la cercanía con estos es profundamente compleja y dolorosa, sobre todo, cuando son padres muy presentes.














