Bill Gates es rotundo: «Yo no planto árboles», declaró hace poco, atizando el debate sobre si plantar árboles de forma masiva es realmente útil para combatir el cambio climático.
Al filántropo multimillonario le habían preguntado sobre cómo compensa sus emisiones de carbono e insistió en que él evita «algunos enfoques menos probados».
Según él, la afirmación de que plantar suficientes árboles podría solucionar la crisis climática es un «completo sinsentido».
«¿Somos gente de ciencia o somos unos idiotas?», lanzó durante una conversación sobre clima organizada por el diario The New York Times la semana pasada.
En todo el mundo, empresas y particulares han priorizado la plantación de árboles para compensar sus emisiones de gases con efecto invernadero.
Incluso los republicanos estadounidenses, muchos de ellos escépticos con el cambio climático, han presentado un proyecto de ley para apoyar la plantación de mil millones de árboles en todo el mundo.
Las controvertidas declaraciones de Gates coparon titulares y despertaron críticas por parte de los defensores de la reforestación (plantar árboles en bosques dañados) y de la forestación (plantar en áreas donde no había bosques).














