Erika Ponce es una diseñadora de joyas mexicana que, con tan solo tres años, empezó a mostrar curiosidad por los metales y las piedras semipreciosas. Su padre la llevaba a las minas de la ciudad de Guanajuato y a ella le encantaba.

“Siempre supe que me dedicaría a alguna profesión artística. Es que, desde los tres años, estoy pintando, y la verdad es que vivo la joyería, pero solo hasta después que crecí se unieron estas artes: el dibujo, la escultura y el diseño”.

Creció e ingresó a la Universidad de Monterrey para estudiar Diseño Gráfico. Al graduarse, se fue a Florencia para especializarse en Historia del Arte y retomar la escultura en cera, esta vez enfocada en joyería, en la reconocida escuela Lorenzo de Médici. Después de un tiempo, decidió mudarse a Nueva York para estudiar joyería, ya decidida a que sería a lo que se dedicaría.

“Cuando sale la idea de crear mi marca, quería que el nombre fuera ‘mina’ algo. Un día en New York, estaba con mi mejor amiga, y, cuando nos presentábamos en algunos lugares, usábamos nombres ‘fake’. Siempre me gustó el nombre ‘Romina’ y no me había dado cuenta que tenía las sílabas de ‘mina’. Mi amiga me dice: ‘Romina, como la marca’; le dije: ‘no es mina’; me dijo: ‘sí Romina’. Nunca lo olvidamos y le puse así”, cuenta. Por eso, la marca es ‘Mina Ro Mina’.

Estudiando en la ciudad de Nueva York conoció a Alexis Bittar, el famoso diseñador de accesorios con quien pudo trabajar en proyectos especiales. Cuando por fin comenzó a definir su estilo, regresó a México para trabajar de lleno en su primera colección, inspirada en la cultura y arq