Fue uno de los mayores traficantes de drogas en Colombia, amén de criminal, político y terrorista. Sin embargo, a treinta y dos años de su muerte, y pese a los males y dolores causados a la ciudadanía, el recuerdo de Pablo Escobar ronda por Medellín.

Fue tan ampliamente conocido que, en muchas tiendas de objetos destinados al turista, hay artículos grabados con su rostro. Resaltan los carteles, casi siempre sonriendo. En muchos con un número que destaca. Ha de ser el que cuando preso le asignaron. En otros ponen su nombre en letra grande.