En la década del 90 Medellín, en Colombia, era por muchos considerada como la ciudad más violenta del mundo. De aquellos tiempos de guerrillas sumamente activas y enfrentamientos, los ciudadanos decidieron no dejar en el olvido a quienes jamás volvieron. Son los desaparecidos. Enterrados quién sabe en qué lugar.

En mi andar por los caminos, junto a mi nieta Mariale, a bordo del auto que conduce nuestro guía, Andrés Muñoz, de la agencia aMuTrek, transitamos por debajo de uno de los puentes en cuyas bases hay murales pintados por los chicos que hacen grafiti.