Con tranquilidad y sin grandes sobresaltos, los electores de dos estados de México —que han sido gobernados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por casi un siglo— acudieron a las urnas ayer domingo en unas elecciones que ponen a prueba el avance del partido del mandatario Andrés Manuel López Obrador de cara a las presidenciales del próximo año.

Los comicios de mayor transcendencia nacional son los del Estado de México, la región más poblada del país con 12 millones de electores, que combina suburbios, localidades populares y comunidades agrícolas con los principales males de la nación, la desigualdades, la violencia y la corrupción, y donde predominaba el hastío.

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“Vote por quien vote es lo mismo”, señaló José Luis Mendoza, un albañil de 64 años de Naucalpan. “Antes estaba uno siempre con el PRI, que es el que le asesoraba, le apoyaba a uno”, explicó.

Luego Mendoza dice que optó por otros partidos pero sigue sin estar satisfecho. “Yo ya no le tengo fe a nadie”, agregó.