El turismo en República Dominicana no solo genera cientos de miles de empleos y otros tantos indirectos sino que ha servido para crear una clase media vigorizada que consolida y dinamiza la economía del país.

La industria turística ha fortalecido aún más, lógicamente, a los inversores que apostaron por RD, pero a rebufo de ellos ha cristalizado una nueva clase rica, millonaria o de alto poder adquisitivo.

Hablamos de constructores que hace dos o tres décadas eran pequeños empresarios y hoy, en algunos casos, son propietarios de hoteles o de proyectos inmobiliarios en la zona Este.

Nos referimos también a los más diversos suplidores de hoteles y del negocio turístico que con sus esfuerzos y valentía han ido configurando un patrimonio sólido y con buenas perspectivas de futuro.

Ferreteros, abogados, gerentes, intermediarios financieros, brokers inmobiliarios, incluso jardineros de aquí y de fuera del país que jamás soñaron que dispondrían de una abundante cuenta de ingresos.