La división del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en octubre de 2019 inició la cuenta regresiva de esa organización y desde ese momento no ha parado su desgaste.
Dos factores se conjugaron para provocar un debilitamiento progresivo del peledeísmo. El primero, fue que no pudo retener el gobierno que tuvo durante 16 años consecutivos y que sellaba su unidad interna, su vínculo estrecho con los poderes fácticos y el cautiverio de una masa de votantes que lo validaba en las urnas cada cuatro años.
El segundo factor debilitante del PLD, fue que se convirtió en un partido de masas y ganador de elecciones a partir de un liderazgo caudillista encarnado desde el gobierno por Leonel Fernández, quien encabezó la salida de cientos de dirigentes peledeístas que adquirieron el antiguo PTD y lo convirtieron en la Fuerza del Pueblo.














