En la arena blanca de una playa paradisíaca irrumpe una torre de hormigón similar a la de una cárcel: es el inicio de 164 km del muro que construye República Dominicana para «protegerse» de la inmigración ilegal, la violencia y el contrabando de Haití.
Militares fuertemente armados lo custodian y en los tramos más calientes hay vehículos blindados.
La estructura -una base de concreto y, el resto, una verja con alambres en el tope- es una bandera del gobierno del presidente Luis Abinader, favorito este domingo a la reelección para un segundo mandato de cuatro años.
Abinader endureció su política sobre Haití con más redadas migratorias, cientos de miles de deportaciones, el cierre de los pasos fronterizos y el muro, que vende como «una de las obras más importantes y que cambiará para siempre la República Dominicana».
La valla arranca en Pedernales, un pueblo de playa que aspira convertirse en polo turístico y hace frontera con Anse-à-Pitre. La violencia de las pandillas, que tomaron secto














