Los motores rotatorios de flujo han proporcionado energía a la humanidad desde hace muchos siglos. Los más antiguos son los molinos de viento y los de agua. Entre los nuevos, destacan las turbinas hidroeléctricas y los aerogeneradores.

 

Estos motores rotativos, impulsados por un flujo, también ocupan un lugar destacado en las células biológicas. Un ejemplo es la FoF1-ATP sintasa, la cual produce el combustible que las células necesitan para funcionar. Pero la construcción sintética a escala nanométrica ha sido hasta ahora una meta inalcanzada.

 

Ahora, el equipo de Xin Shi y Cees Dekker, del departamento de Bionanociencia en la Universidad Tecnológica de Delft (TU Delft) en los Países Bajos, ha conseguido crear el motor rotatorio de flujo más pequeño del mundo, a escala nanométrica. Está hecho de ADN. Esta estructura se acopla a un nanoporo, una diminuta abertura, en una fina membrana.

 

Bajo las condiciones adecuadas, el manojo de ADN de solo 7 nanómetros de grosor se autoorganiza en una configuración similar a la de un rotor, y puede moverse a más de 10 revoluciones por segundo.

 

El rotor es capaz de aprovechar la energía de un flujo de agua o uno de iones establecido a través de un voltaje aplicado. Puede aprovechar incluso la mera diferencia entre la concentración de sal en una cara de la membrana y la concentración en la otra cara.