El Mycobacterium tuberculosis, el patógeno que causa la tuberculosis, es un microbio de crecimiento lento que se multiplica con poca frecuencia. Debido a ello, su extraordinaria rapidez para desarrollar resistencia a los antibióticos, en cuestión de meses o incluso semanas, ha desconcertado durante mucho tiempo a la comunidad médica.

 

A raíz de esta habilidad de la bacteria, la tuberculosis, que parecía una enfermedad del pasado cercana a desaparecer, lleva ya unos años recobrando protagonismo en el siniestro ránking de las enfermedades infecciosas que más matan.

 

En todo el mundo, la tuberculosis está entre las 10 principales causas de muerte. Mató a 1,4 millones de personas en 2019, y alrededor de 10 millones de personas se enferman de ella cada año, según la Organización Mundial de la Salud.

 

Ahora, unos investigadores especializados en tuberculosis, de la Universidad Estatal de San Diego en California (SDSU), Estados Unidos, han descubierto una pista crucial para resolver el misterio: la respuesta a cómo la bacteria consigue desarrollar resistencia a los antibióticos tan deprisa puede estar en el dominio epigenético más que en el genético que es donde la mayoría de los científicos han concentrado sus esfuerzos de investigación.

 

El hallazgo realizado en el nuevo estudio podría ayudar a avanzar hacia nuevas técnicas de diagnóstico, nuevas terapias y nuevas vacunas.