El propósito es que “te pierdas”. Dar vueltas hasta encontrar la palma real en el centro del recuadro parece ser un objetivo secundario.

Pero no se vale visitar la majestuosa Cueva de las Maravillas, en San Pedro de Macorís, y no internarse en el laberinto que, frente a la Autovía del Este, complementa una de las mejores experiencias espeleológicas de República Dominicana.

Un sendero sombreado conduce a la entrada de la plataforma donde se levanta el jardín vertical.

Es un cuadro de 60 x 60 metros. Los muros verdes de fukien tea (Carmona retusa), cuidadosamente podados, cubren la malla ciclónica que los mantiene erguidos y acogen a los visitantes que se internarán esperando ser lo suficientemente astutos como para no necesitar ayuda.