Su inocencia llena los pasillos de los hospitales y soportan tratamientos que son difíciles de sobrellevar incluso para los adultos. Los niños enfermos de cáncer son los superhéroes de la oncología y por ello, tanto médicos como familiares e investigadores no dejan de preguntarse qué puede hacerse para que su lucha contra la enfermedad sea más llevadera y para que su calidad de vida, una vez superada la enfermedad, sea lo más alta posible.
Un estudio desarrollado por varias instituciones españolas, entre ellas la Universidad Politécnica de Madrid, ha investigado las ventajas que la práctica de ejercicio físico puede tener para estos menores, no solo a nivel psicológico, ya que les proporciona una vía de escape a su difícil día a día, sino también desde el punto de vista físico.
Los avances en los tratamientos contra el cáncer han hecho que el 80% de los menores a los que se les detecta la enfermedad consigan superarla. Sin embargo, la dureza de los tratamientos empleados, unida a los efectos que tiene a nivel físico la propia enfermedad, hace que los menores sufran un importante deterioro de su forma física.
“Una disminución de la capacidad respiratoria y mayor debilidad muscular, durante y después del tratamiento son algunos de los efectos secundarios más experimentados por los menores que han padecido un cáncer”, explica Alejandro San Juan, investigador del Departamento de Salud y Rendimiento Humano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), en España, y uno de los autores de este trabajo. “Muchas veces esto se traduce en una incapacidad para poder desarrollar actividades de la vida diaria que redundan en una importante disminución de su calidad de vida”, añade.
Aunque la propia enfermedad y sus tratamientos tienen mucho que ver en esta situación, los investigadores insisten en que la reducida actividad física que tradicionalmente desarrollan los pacientes oncológicos no ayuda a que nuestro cuerpo se recupere de los tratamientos.
“Sabemos que favorecer la práctica de actividad física de diferente intensidad en los pacientes pediátricos con cáncer mejora sus niveles de intensidad cardiorrespiratoria, su fuerza muscular su bienestar y su movilidad”, explica San Juan. “Así que la pregunta que nos hicimos fue: “¿Y si esa actividad física se fomentase ya desde el mismo momento en que se produce su ingreso hospitalario?”, comenta.














