El helicóptero robótico Ingenuity fue depositado por su robot portador, el Perseverance, en el terreno que le servirá de pista de despegue y ya ha pasado varias noches a la intemperie, demostrándose que la calefacción y el aislamiento térmico del dron funcionan bien.

El terreno escogido como pista de despegue tiene unos 10 por 10 metros y fue elegido por ser llano y por su ausencia de obstáculos.

La temperatura nocturna en el cráter Jezero, la zona en la que están ambos robots de la NASA, puede descender hasta 90 grados centígrados bajo cero, lo que puede congelar y agrietar los componentes eléctricos no protegidos y dañar las baterías de a bordo necesarias para el vuelo.

Hasta que el Ingenuity puso sus cuatro patas en la superficie marciana, permaneció sujeto a la panza del Perseverance, recibiendo energía de él. Este, llevando consigo al Ingenuity, aterrizó en el cráter Jezero el pasado 18 de febrero. El Perseverance sirve de enlace de comunicaciones entre el Ingenuity y la Tierra, y utilizará su conjunto de cámaras para observar cómo vuela el dron alimentado por energía solar.

Para garantizar que el panel solar situado sobre los rotores del helicóptero pudiera empezar a recibir luz solar lo antes posible, se ordenó al Perseverance que se alejara lo bastante del Ingenuity poco después de dejar a este sobre el terreno.

Volar de forma controlada en Marte es más difícil que hacerlo en la Tierra. El Planeta Rojo tiene solo la tercera parte de la gravedad de la Tierra aproximadamente, lo cual es una ventaja. Sin embargo, la densidad de su atmósfera es de solo un 1% de la que tiene la atmósfera de la Tierra a nivel del mar, lo cual es una desventaja.

En cuanto a la energía solar, durante el día, la superficie de Marte recibe solo la mitad de la cantidad de energía solar que llega a la Tierra.