Momentos de angustia y desesperación vivieron los feligreses católicos cuando, el 17 de julio de 1971, por primera vez en más de 400 años de historia, fue profanado el cuadro de la Virgen de la Altagracia, conocida por ser la imagen más venerada a nivel nacional.
Decorada con un marco de oro y piedras preciosas, además de una esmeralda que pertenecía al anillo pastoral del arzobispo Adolfo Alejandro Nouel, el símbolo de fe y devoción católica sustraído causó conmoción de manera inmediata en la sociedad de aquel entonces porque, según informó el obispo, Monseñor Juan Félix Pepén, nadie nunca había intentado robar el cuadro en otra ocasión.














