Cuando hablamos de felicidad, solemos tender a subestimar la complejidad del propio concepto. Sin embargo, la felicidad ha sido objeto de estudio y de reflexión durante siglos, por lo que, pensar que la podemos encasillar dentro de una única definición hermética es una idea poco realista.
En lugar de definir la felicidad, EFEsalud ha contado con el asesoramiento y la colaboración de Silvia Álava Sordo, doctora en psicología clínica y de la salud y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, para hacer un recorrido sobre algunos de los elementos que la componen.
Además de las aportaciones de la psicóloga Silvia Álava, hemos utilizado como fuente de apoyo el libro “Deconstruyendo la Felicidad” de Margarita Álvarez, ex presidenta del Instituto Coca-Cola de la Felicidad y una de las 50 mujeres más poderosas de España, según Forbes, así como aportaciones puntuales de la Organización Mundial de la Salud y del nuevo libro del maestro zen Thich Nhat Hanh, ‘Sin barro no crece el loto’.
Así hemos forjado nuestro Abecedario de la Felicidad
Amor: Una de las palabras fundamentales en relación con la felicidad. Darlo y recibirlo. Empezamos este abecedario hablando de lo que muchos consideran como el pilar elemental de la felicidad, más allá del amor romántico. “No se trata únicamente del amor en pareja -precisa Silvia Álava-, hay muchos tipos de amor. Se puede ser muy feliz sin tener una pareja, uno de los mitos que más se suele relacionar con la felicidad”.
Alegría: Una emoción totalmente asociada a la felicidad, pero la psicóloga contextualiza: “Ser feliz no significa estar siempre alegre, sino tener una buena inteligencia emocional; ser feliz implica ser capaz de percibir y gestionar todas nuestras emociones. Puedo ser tremendamente feliz sabiendo que hay días en mi vida en los que voy a estar triste.”
Bienestar: Según la Real Academia Española, es el “conjunto de cosas necesarias para vivir bien”. “La salud mental y el bienestar son fundamentales para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida”, añade la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por otra parte, no podemos hablar de bienestar si no hay asimismo bienestar emocional.
Compasión: Ser compasivos hacia los demás está muy ligado a la empatía y a saber perdonar, factores concluyentes en la construcción de la felicidad. La autocompasión es algo que solemos obviar, a pesar de que es igual de importante. considera Silvia Álava.
Dinero: ‘¿El dinero da la felicidad?’ La eterna y enigmática pregunta ya convertida en todo un tópico. A pesar de la multiplicidad de respuestas contrapuestas, según diversos estudios, podemos concluir que el dinero no sirve para comprar la felicidad, pero sí da bienestar.
Decisión: Marcarnos objetivos y metas contribuye a nuestra felicidad. Pero “debemos tener en cuenta qué tipo de meta nos estamos marcando: tiene que ser una meta realista y realizable. Si no lo es, nos sentiremos frustrados al ver que somos incapaces de alcanzarla”, advierte la experta.
Empatía: Es la capacidad que nos permite “ponernos en la piel” de otra persona para comprenderla mejor. Esto nos hace más tolerantes en las interacciones sociales, como recoge uno de los artículos publicados en EFEsalud.
Fidelidad: “Ser fiel a nuestros pensamientos, a nuestros valores y a nuestros ideales es importante”, remarca Álava. La tranquilidad de conciencia y las emociones positivas asociadas a ser uno mismo son parte de la fórmula de la felicidad.
Gratitud: Existe una correlación directa entre ser agradecido y ser feliz. “La gratitud es saber dar las gracias. Pero no ‘gracias’ por mera educación, sino ese ‘gracias’ que te sale de dentro cuando, tras un ejercicio de introspección, reconoces lo que los demás han hecho por ti y agradeces lo que tienes”, explica la psicóloga que nos guía en este Abecedario.
Humor: También pone Silvia aquí el acento. El sentido del humor y la risa tienen una influencia directa sobre nuestra salud física y mental. “Tener sentido del humor es tener la capacidad de ser críticos y ver una situación desde otra perspectiva. El hecho de ver las cosas desde otras perspectivas nos ayuda a desdramatizar situaciones”, explica. “Además, reírse ayuda mucho, es muy saludable.” Está comprobado que reírse ayuda a rebajar el nivel de estrés, la hipertensión y algunas investigaciones apuntan a efectos reguladores sobre el sistema inmune.
Inteligencia emocional: Este concepto, tan analizado y evaluado desde que hace décadas lo acuñó Goleman, se traduce en la capacidad del ser humano de percibir, gestionar y comprender las emociones propias y ajenas.
Silvia Álava hace una consideración al respecto: “La inteligencia emocional no es solamente estar alegre.Nos enseña a utilizar las emociones a nuestro favor. Aprendemos que todas las emociones son información, por tanto, son buenas y útiles. Incluso las emociones “desagradables” como el enfado, el miedo o la tristeza, las podemos utilizar a nuestro favor porque no dejan de ser información”.














