Los huecos están en su boca como si se tratara de un niño de seis años que está “mudando”. Fue difícil convencerlo para que contara su historia. Dientes tiene pocos, pero vivencias hay muchas.

“Cuando yo tenía 19 años, un amigo me llevó donde unos muchachos para que me prestaran un dinerito para yo pagar algo que debía y me estaban presionando con eso, así que fui a buscarlos ahí, pero ¡Dios mío! no me imaginé lo que me podía pasar”.

Hasta aquí las cosas pintan bien, pero crea la expectativa de cuán peligrosa podía llegar a ser esa deuda.

El dueño de este relato, cuyo nombre pidió no fuera revelado, se llevó los 800 pesos que necesitaba. “Ellos fueron muy amables conmigo y hasta un trago me brindaron, pero no quise porque estaba preocupado con ese dinero que debía”. Él se refiere a 700 pesos que le adeudaba a un prestamista. Los 100 restante eran para quedarse con algo.

Tomó el préstamo a 15 días para pagar 1,200. Todo muy bonito. “Cuando pasaron los primeros 10 días y yo veo que quien me debe a mí, no me paga unos tenis que le vendí y que por si fuera poco, dizque se enfermó y yo no tenía forma de conseguir ese dinero, me estaba volviendo loco”. Es en esa desesperación es que llama a su amigo y le dice lo que le está pasando a ver si le dan unos días más para ver cómo resuelve. “Bueno loco, eso no se va a poder, ellos no extienden plazo”. Eso contó que le dijo esa persona.