Con un excelente disco de boleros en promoción, “Obras Maestras”, Diego El Cigala se presenta ante los medios de comunicación con ganas de hablar de música, de tiempos en que padres y tíos lo influenciaron con canciones desgarradoras, temas que marcaron su vida y que ahora recoge en un álbum realmente hermoso.
Sin embargo, el cantaor andaluz se niega a hablar del espinoso tema de violencia de género, este caso que tiene pendiente por el cual, el pasado mes de julio, la fiscalía en España ha pedido para él cinco años de prisión, por cinco delitos de maltrato físico y psicológico hacia su expareja Dolores Kina Méndez. Un caso complicado del cual El Cigala ha puesto, por el momento, un “stop”.
De lo que habló
Gracia a su nacionalidad dominicana el artista reside desde el 2014 en Punta Cana, exclusivo sector turístico al este del país, y desde allí, en medio del candente sol y kilómetros de playa, viajó con su pensamiento a la zona del Rastro, en el barrio madrileño de Embajadores, donde pasó su niñez, y donde oía cantar a su padre José Jiménez (José de Córdoba), y a sus tíos, los conocidos cantantes de flamenco Rafael Farina y Rafael Salazar Motos, las canciones que marcaron su vida, en especial los boleros que llegaban desde Cuba y México, y que se quedaron en sus entrañas y que hoy interpreta desde el alma con su peculiar estilo flamenco.














