SAN CRISTOBAL.- Para una foratera acostumbrada a hacer vida en la Capital, volver la vista en la dirección opuesta y explorar esta provincia y su municipio cabecera, significó un viaje de redescubrimiento. Cada hallazgo tiene el potencial de devolver a esta provincia adyacente a Santo Domingo su justo valor. Pero en un mapa turístico donde sólo el sol y la blanca arena costera parecen brillar con intensidad, el valioso legado histórico y cultural de San Cristóbal se encuentra, en parte, desaprovechado.

“Aparte de la Capital, ninguna región del país tiene tantos recursos históricos y culturales como San Cristóbal”, asegura Tomás Espinal, asesor cultural.

Pobladores taínos, colonizadores españoles, ocupantes haitianos y dirigentes republicanos dejaron sus huellas en el territorio que hoy ocupa esta provincia, conocida entre la mayoría de los dominicanos por ser Cuna de la primera Constitución de la República y del dictador Rafael L. Trujillo.

Fue, precisamente, el tirano quien hizo crear el 11 de noviembre de 1932 la provincia Trujillo, rebautizada tras su muerte como San Cristóbal (28 de septiembre de 1961), nombre que hasta entonces correspondía sólo a la común cabecera.

Constitución
Nombres de parques, monumentos y calles de la ciudad de San Cristóbal,  proclaman el orgullo de que aquí fue firmada la primera Constitución.

Desde que se llega a la entrada de la ciudad por la carretera vieja, el monumento a los Constituyentes “Plaza 6 de Noviembre”, el cual registra los nombres de los miembros de la primera Asamblea Constituyente, se encarga de recordarlo al visitante.

Si busca algunos de los edificios más emblemáticos de la zona, seguirá teniendo presente ese acontecimiento histórico, porque deberá tomar la avenida Constitución.

Ahora bien, el territorio que hoy ocupa la provincia San Cristóbal guarda un legado cultural e histórico anterior y posterior- a aquel memorable seis de noviembre de 1844.

San Cristóbal, más que cuna de la Constitución
El acervo cultural de esta provincia data de la época precolombina y pasa por los tiempos de la colonia, la ocupación haitiana y de la vida republicana.

Pero no todos los lugares de interés están acondicionados para recibir al visitante. Es el caso de las Cuevas de Borbón y del Pomier, cuyos trabajos de remodelación aún no concluyen y dejan en expectativa a turistas nacionales y extranjeros que desean contemplar al menos una parte de los más de mil petroglifos que los taínos dejaron allí como huella de su paso por la zona.

En el municipio de Nigua, en tanto, se encuentran las ruinas de los ingenios Boca de Nigua y Diego Caballero. Si desea hacerse una idea de cómo era el lugar donde los esclavos eran sometidos a la brutal faena de producir azúcar y dónde se dio una de las más importantes insurrecciones del siglo XVIII, puede aventurarse hasta Boca de Nigua, pero no espere encontrar señales que le indiquen el camino.

Busque el cruce junto al Club Deportivo y Cultural de Boca de Nigua, próximo al Centro Comunal, y sírvase de las indicaciones que le darán los lugareños, quienes por estos días aprovechan las ruinas para “marotear” mangos.

Como dato adicional, comenta que en el ingenio de Boca de Nigua estuvo en 1801 el general haitiano Toussaint Louverture, cuando trató de unificar la isla.

Del paso de los haitianos por el país dan testimonio también los restos del Fuerte Resolí, ubicado 15 kilómetros al norte de la ciudad de San Cristóbal. Construido en 1828 por orden del general Jean Baptiste Richet, comandante en armas de la ciudad de Santo Domingo, tampoco se encuentra acondicionado para recibir visitas.

Monumentos
A estas alturas del juego, el lector se preguntará qué lugares están en condiciones para los visitantes. Pues, para comenzar, hay varios monumentos y edificios antiguos ubicados en la ciudad de San Cristóbal. Puede partir del parque central, cuyo nombre real es Plaza de la Constitución, aunque muchos sancristobalenses lo llaman parque Colón porque allí se colocó en 1942 un busto de Cristóbal Colón, el cual sustituyó, según Espinal, el monumento original que consistía en una réplica de La Toma.

Alrededor de esta plaza se encuentran varios lugares de interés. Está, por ejemplo, la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, el edificio más antiguo de la ciudad. Inaugurado en 1838, en el interior del templo reposan los restos de varias personalidades, incluidos los del religioso que ordenó su construcción: el padre Juan de Jesús Ayala y García.

Justo al lado de la iglesia, está el parque 6 de Noviembre, mejor conocido como el “Parquecito de los Vagos”. Hoy convertido en un lugar de reunión para pasar el tiempo libre y discutir temas de actualidad a la sombra de los árboles de caoba, este parque está en el sitio donde se reunían los miembros de la primera Asamblea Constituyente de 1844 y justo frente al Ayuntamiento Municipal, edificio que se levanta en el lugar donde se firmó la Constitución.

El Palacio Municipal fue inaugurado en 1937. Aparte de su valor histórico, su estilo barroco-victoriano y su torre dotada de reloj público ñque, por cierto, está en hora- lo hicieron merecer el título de patrimonio cultural del país.

También junto al parque central se levanta el primer edificio de oficinas públicas de esta ciudad: la antigua casa de la Gobernación, que data de 1935.

El rastro de Trujillo
Partiendo desde el parque y siguiendo la avenida Constitución encontrará la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación, inaugurada el 24 de octubre de 1949, fecha de cumpleaños de… adivine quién. ¿Su atractivo especial? Los frescos del pintor español José Vela Zanetti que retratan distintos pasajes de los Evangelios y adornan el techo interior. En el sótano existen criptas que se supone fueron construidas para enterrar los cuerpos de Rafael L. Trujillo y sus familiares. La iglesia está abierta al público de 10:00 de la mañana a 12:00 del mediodía.

¡Ah! Por si no adivinó quién cumplía años el día de la inauguración de la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación, Trujillo nació un 24 de octubre. Y su casa se encontraba justo frente al lugar donde está la iglesia, y donde hoy se encuentra el parque Piedras Vivas, sometido a un proceso de remodelación.

El parque Piedras Vivas recibe su nombre por el monumento que había en su centro, compuesto por piedras traídas de todas las provincias del país. Su objetivo era honrar al dictador y marcar su lugar de nacimiento.

Y es que, quiérase o no, el rastro de Trujillo seguirá vivo en esta ciudad. Gran parte de las edificaciones y monumentos que hoy muestra San Cristóbal con orgullo fue levantada durante la dictadura: el Instituto Politécnico Loyola (que albergaba la Secretaría de Estado de Agricultura y también exhibe murales de Vela Zanetti), al igual que el hotel San Cristóbal, el cual da la bienvenida en la entrada de la ciudad y es sede de una escuela de formación turística.

Otros edificios de la Era de Trujillo son el Colegio San Rafael y el colegio Santa Rita (antiguo local del Partido Dominicano).

De provecho personal de El Jefe era la Casa de Caoba, que fue sometida a un proceso de restauración más, tarde abandonado; y también el Palacio del Cerro, lujosa mansión que Trujillo nunca habitó y hoy perteneciente a la Procuraduría General de la República.

Si se anima a verla, al menos desde afuera, puede aventurarse por la misma carretera a su vera y dirigirse a alguna de las concurridas playas de la provincia: Najayo o Palenque.

Pero antes de salir de la ciudad, puede degustar sus famosos pasteles en hoja. En la calle General Leger está el restaurante de Chichita, que se ufana de poseer más de 50 años en servicio.