La patata es un alimento básico para más de 1.300 millones de personas. A pesar de su importancia para la seguridad alimentaria mundial, los avances en su mejora genética han sido modestos. La complejidad de su genoma, compuesto por cuatro copias del genoma en cada célula en lugar de solo dos, desafía la mejora vegetal tradicional basada en la hibridación.

 

Unos científicos han reconstruido los genomas de diez cultivares históricos de patata. El trabajo demuestra que las diez variedades estudiadas abarcan alrededor del 85 por ciento de la variabilidad genética de todas las patatas europeas modernas. Asimismo, aunque el fondo genético total es limitado, los científicos han hallado grandes diferencias entre las copias de cromosomas individuales, hasta el punto de ser las mayores observadas hasta ahora en plantas cultivadas.

 

El trabajo lo ha realizado un equipo de investigadores liderado por la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich (LMU) y el Instituto Max Planck de Investigación en Mejora Vegetal, ambas instituciones en Alemania, integrado además por José Antonio Campoy, investigador de la Estación Experimental Aula Dei (EEAD) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España.