San Cristóbal.- Decir “NO” también es medicina en Urología. Saber cuándo no operar es un pilar fundamental de la excelencia médica y la responsabilidad profesional, igual de importante que la habilidad técnica quirúrgica. La decisión de no intervenir busca proteger al paciente de riesgos innecesarios, complicaciones y falsas expectativas, priorizando tratamientos más conservadores o el momento oportuno.
La honestidad profesional implica evaluar si la cirugía es realmente la mejor solución para el paciente, evitando el quirófano cuando no es necesario o terapéutico. Miren, señores, operar en momentos inoportunos o con indicaciones inadecuadas puede incrementar significativamente las complicaciones. Reconocer que la cirugía es una herramienta y no un fin permite priorizar el bienestar a largo plazo del paciente sobre la intervención inmediata.
La decisión de no operar refleja sabiduría y, en muchos casos, previene resultados adversos cuando el procedimiento, aunque técnicamente posible, no aporta valor real al paciente. Sin embargo, sí puede aportar valor monetario al médico, y es ahí donde la seriedad profesional debe demostrarse, entendiendo que no todo el dinero se debe ganar a costa del paciente.
A menudo, los tratamientos no invasivos, con el paso del tiempo, resultan más beneficiosos que una intervención apresurada, porque el valor no está en hacer más, sino en hacer lo que realmente beneficia al paciente. Debemos tener criterio y ofrecer información clara, precisa, honesta y comprensible para que el paciente pueda tomar decisiones informadas.
En mi práctica diaria como urólogo cirujano, es muy habitual encontrar pacientes que llegan a consulta con una idea clara de operarse, y no siempre es lo correcto. Aquí debo colocar en una balanza el beneficio y el riesgo. Toda cirugía, por más pequeña que sea, conlleva un riesgo, y mi criterio personal es claro: cuando el beneficio no supera claramente al riesgo, no opero. Creo firmemente que la excelencia médica está precisamente en saber reconocer cuándo una cirugía no aporta un beneficio claro y en proteger al paciente, incluso de su propio deseo de operarse. Hay principios clave del “no operar”, como son: 1) si la cirugía no ofrece una ventaja clara sobre otras opciones, no se debe realizar; 2) evitar la influencia de la tecnología o la presión comercial para llevarla a cabo.
Escrito por el Dr. Brígido Montás Montás














