A miles de kilómetros de Medellín, dos grafiteros de la Comuna 13, aerosol en mano, crean un mural de vivos colores en un barrio pobre y de mala fama de Marsella con un mensaje claro: “Se puede dejar la violencia atrás”.

El arte es resiliencia. Por medio de esto, se pueden superar muchos obstáculos, estigmas, porque La 13 y acá somos lugares estigmatizados por su historia”, asegura a AFP Daniela Velásquez, una grafitera de 34 años más conocida como La Crespa.

La Comuna 13 es un ejemplo. Esta barriada en lo alto de Medellín, que a finales del siglo XX se disputaban guerrilleros y paramilitares, logró dejar atrás sus grises y estrechas escaleras con una explosión de color gracias al arte urbano.

La “ciudad de la eterna primavera”, cuna del narcotraficante Pablo Escobar, inició en los años 2000 su “metamorfosis” hacia un lugar pacificado y atractivo cuyo máxime exponente es el barrio de “La 13”, que visitan ahora miles de turistas.