Mañana, 20 de junio, se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, una jornada internacional destinada a poner de relieve la fuerza, la resiliencia y el coraje de millones de personas que han tenido que abandonar sus hogares para escapar de conflictos, persecuciones, violencia o graves vulneraciones de derechos humanos. La fecha, establecida por las Naciones Unidas, pone el foco en los derechos, las necesidades y las aspiraciones de las personas refugiadas y desplazadas, promoviendo la movilización de recursos y el compromiso político necesario para garantizar, no solo su supervivencia, sino también su inclusión y bienestar.

Este año, la conmemoración adquiere una relevancia especial al cumplirse 75 años de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, uno de los pilares fundamentales de la protección internacional. Según recuerda Naciones Unidas, dicha Convención nació tras la Segunda Guerra Mundial con una promesa clara: garantizar que ninguna persona obligada a huir sea devuelta a una situación de peligro y que pueda vivir con dignidad mientras permanece desplazada.

La protección de las personas refugiadas, un desafío global ante el aumento de los desplazamientos forzados.
La necesidad de mantener vivo este compromiso resulta especialmente urgente ante la magnitud actual de los desplazamientos forzados. De acuerdo con datos recogidos por ACNUR en su Informe Semestral de Tendencias, más de 117 millones de personas se encuentran desplazadas por la fuerza en todo el mundo. Entre ellas, figuran familias afectadas por la guerra en Sudán, la violencia en la República Democrática del Congo y las crisis prolongadas en Ucrania, Afganistán, Siria y Myanmar, entre otros contextos.