Con un amplio debate social generado por el proyecto de reforma de la constitución, la llegada al poder de un presidente que no se apellida Castro, nueva tensión con Estados Unidos y un tenue descongelamiento de algunos sectores privados, los cubanos le dirán adiós a 2018.

Tras años marcados por el acercamiento con Estados Unidos, la isla enfrentará un 2019 que obligará a sus autoridades a enfocarse en su situación interna.

El presidente Miguel Díaz-Canel dio muestras de una dinámica del gobierno con manifestaciones hasta hace poco impensadas: se retractó de algunas medidas de ajuste tras las quejas de emprendedores, recurrió a las redes sociales para acercarse a la población y abrió el proceso de la reforma constitucional con un referendo que se realizará en febrero.

«Se produjo un cambio en el liderazgo, ingresó una nueva generación y eso sí representa una diferencia importante», dijo a The Associated Press el economista político Esteban Morales, miembro del poderoso Partido Comunista de Cuba (PCC).

«Creo que Díaz-Canel está escuchando (a la gente)», agregó el analista de larga trayectoria en la Universidad de La Habana y quien recordó que el presidente puso a sus ministros a comparecer en la televisión y los exhortó a tener cuentas en Twitter o contar con direcciones de correo electrónicos para que los ciudadanos puedan acudir a ellos. «No vamos a quedar conforme con todo lo que han dicho, pero es positivo».

El nuevo mandatario, un ingeniero de 58 años que asumió en abril, comenzó su carrera como joven revolucionario de provincia y subió al poder paso a paso atravesando cargos burocráticos gubernamentales y en el PCC. Además de una economía tambaleante, lleva sobre sus hombros el peso simbólico de ser el primero en gobernar la isla en cinco décadas que no se apellida Castro.

Las autoridades estimaron un crecimiento de 1,2% para este año, un punto menos de los pronósticos iniciales. Pero la cifra tiene poco significado para muchos cubanos que viven con salarios de unos 50 CUC mensuales (igual cantidad en dólares) o dependen de las remesas enviadas por sus familiares que viven en el exterior. Ese grueso de la población se siguió beneficiando de las subvenciones para la alimentación y los servicios y la gratuidad de la educación y la salud.

El turismo -con 4,7 millones de visitantes en el año- y la venta de servicios profesionales al extranjero -que representan unos 10.000 millones de dólares anuales según estimaciones no oficiales- continuaron siendo el motor de la economía cubana que logró sortear los temores que en 2017 produjo la crisis de su principal socio y aliado político, Venezuela.

Pero Cuba perdió este año la contratación de 8.000 médicos que se desempeñaban en Brasil y fueron retirados cuando el presidente electo Jair Bolsonaro amenazó con condicionar sus contratos. Los ingresos por estos galenos significaban 300 millones de dólares para el presupuesto.