Si aún ronda alguna duda sobre la posibilidad de una confrontación letal directa en Haití entre la esperada fuerza multinacional y las bandas armadas, entonces tómese en serio la advertencia del poderoso líder de la pandilla G9 y Familia, Jimmy Cherizier, alias Barbecue, cuando dejó claro que, si atacan sus guetos, habrá pelea.

Y es esto lo que República Dominicana no quiere que ocurra allí, porque la zona más cercana para los haitianos escapar de la muerte está en la frontera terrestre, repleta de «huecos», espacios vulnerables por donde podría producirse un éxodo desbordante que cambiaría para siempre la vida, la seguridad y la convivencia social centenaria entre los dominicanos.

Un conflicto armado en Haití implica muchos riesgos y sacrificios económicos descomunales para el Estado dominicano.

Primero, demandaría el repliegue automático de una fuerza compacta que englobe los tres componentes armados, esto es, La Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea, más los organismos de inteligencia y seguridad del Estado.

Despachar tanto personal para una zona en estado de riesgo, a más de 300 kilómetros distantes de Santo Domingo, requiere de muchos gastos, y mantener equipos militares en constante desplazamiento plantea un costo grande en combustible.

Mientras tanto, en el interior de los p