En una nueva investigación se ha comprobado que a escala nanométrica el hidrógeno puede adquirir la propiedad exótica de la superfluidez, confirmándose así una predicción teórica de hace medio siglo.

 

En el helio, la sorprendente propiedad de la superfluidez, un estado cuántico en el que la fricción deja de existir, se descubrió en 1936. A una temperatura bajísima, los átomos de helio son capaces, por ejemplo, de circular por canales extremadamente estrechos sin fricción ni viscosidad algunas. Ciertos gases atómicos también pueden comportarse como superfluidos.

 

En 1972, el físico Vitali Ginzburg, galardonado con un Premio Nobel, predijo que, bajo condiciones especiales, el hidrógeno líquido también puede convertirse en un superfluido.

 

Sin embargo, hasta ahora, no se había conseguido realizar observaciones científicas directas de moléculas de hidrógeno en estado de superfluidez.

 

Es muy difícil estudiar el hidrógeno en forma líquida. A 253 grados centígrados bajo cero, pasa de gaseoso a líquido, y a 259 bajo cero pasa de líquido a sólido.

 

Sin embargo, un equipo internacional integrado, entre otros, por Takamasa Momose y Hatsuki Otani, de la Universidad de la Columbia Británica en la ciudad canadiense de Vancouver, ideó una forma más fácil de comprobar si el hidrógeno puede adquirir superfluidez.