El planeta HATS-6 b, situado a unos 500 años-luz de la Tierra, tiene aproximadamente el tamaño de Júpiter y completa una órbita cada tres días alrededor de su estrella, una enana roja de tipo M (una estrella pequeña, más fría que las de otros tipos y rojiza). Los planetas se forman a partir del disco residual de gas y polvo que rodea a sus estrellas tras su nacimiento; sin embargo, las estrellas pequeñas suelen dejar tras de sí discos de menor tamaño, de los que se forman planetas pequeños. El enorme tamaño de HATS-6 b no encaja en este patrón.
Estas estrellas más pequeñas no disponen de suficiente material ni tiempo para generar planetas del tamaño de Júpiter ni tan siquiera del de Saturno. Por tanto, el mero hecho de que HATS-6 b exista ya resulta llamativo, dado que no debería ser posible por lo que se sabe de los sistemas solares presididos por una estrella enana roja. Solo se conocen unas pocas decenas de planetas en esta situación.
Pero además, tal como revela un nuevo estudio, resulta que ni la composición química ni la temperatura de HATS-6 b, concuerdan con lo que cabe esperar de un planeta en órbita estrecha en torno a una enana roja.
El estudio lo ha llevado a cabo un equipo encabezado por Giannina Guzmán Caloca, de la Universidad de Maryland en Estados Unidos. Para la investigación resultaron decisivas las observaciones hechas por el telescopio espacial James Webb (JWST), de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense.
Utilizando una técnica llamada espectroscopia de transmisión, que consiste en observar cómo la luz de las estrellas se filtra a través de la atmósfera de un planeta, el equipo identificó cuatro sustancias químicas en la atmósfera de HATS-6 b: agua, metano, dióxido de carbono y amoníaco. El descubrimiento de este último constituye la segunda vez que la técnica detecta amoníaco en un mundo distante.
“El carbono, el hidrógeno y el oxígeno son elementos químicos que ya se habían encontrado en atmósferas de planetas gigantes de fuera de nuestro sistema solar, pero el amoníaco es algo que casi nunca se había detectado”, subraya Guzmán Caloca.
Dado que las moléculas que contienen nitrógeno, como el amoníaco, deberían ser más abundantes en planetas gigantes fríos que en planetas abrasadores como Júpiter, su presencia en HATS-6 b resulta sorprendente.
La verdadera temperatura de HATS-6 b también ha resultado ser desconcertante. La temperatura comúnmente citada para HATS-6 b, de unos 400 grados centígrados, no es una medición exacta, sino un cálculo que se basa en la suposición de que el planeta absorbe toda la luz que emite su estrella y distribuye ese calor de manera uniforme. Pero los análisis indican temperaturas más cercanas a los 120 grados centígrados, una cifra que en principio resulta improbable para un planeta que orbita su estrella a tan corta distancia que solo tarda tres días en dar una vuelta alrededor de ella, mucho menos que, por ejemplo, los 365 días que tarda la Tierra en dar una vuelta en torno al Sol.














