El vehículo eléctrico se considera la alternativa más sostenible para los vehículos ligeros. Sin embargo, es necesario evaluar la localización de los recursos necesarios para su producción y las emisiones de gases de efecto invernadero generadas, porque saber dónde se producen las emisiones podría ayudar a desarrollar políticas útiles para su reducción.

 

Un estudio realizado por un equipo de investigadores de la ETSI de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) en España, encabezado por María Pilar Martínez Hernando, ha analizado las materias primas críticas, los riesgos de suministro y las emisiones de gases de efecto invernadero para entender la importancia geoestratégica en la fabricación de vehículos eléctricos. Una de las aportaciones del estudio señala cuánto podría reducir Europa las emisiones de gases de efecto invernadero si fabricara baterías para vehículos eléctricos en lugar de importarlas.

 

En la última década, las tecnologías verdes han experimentado un rápido crecimiento. En el sector del transporte, la participación de las ventas globales de vehículos eléctricos pasó de ser prácticamente inexistente en 2010 a más de dos millones en 2020, con proyecciones que indican que en 2030 las ventas podrían alcanzar cerca del 30% de la cuota de mercado de las ventas mundiales de coches eléctricos. Este cambio radical se impulsa principalmente por objetivos medioambientales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los vehículos eléctricos no emiten gases de efecto invernadero durante el uso, pero las tecnologías verdes pueden tener impactos en la fabricación, reduciendo la dependencia del petróleo, pero posiblemente aumentando la dependencia de otros materiales, denominados materias primas críticas.

 

Los objetivos de un trabajo realizado por miembros del grupo de investigación Estudios Ambientales de la UPM, en el que se enmarca la tesis doctoral de María del Pilar Martínez Hernando, han consistido en analizar las materias primas críticas necesarias de los imanes permanentes y de las baterías de vehículos eléctricos (neodimio, litio, cobalto); evaluar su riesgo de suministro mediante un análisis del flujo de materiales; y examinar sus impactos ambientales mediante la metodología Environmentally-Extended Multi-Regional Input-Output Analysis. “A diferencia de las metodologías convencionales que solo calculan impactos globales, esta metodología permite cuantificar los impactos y determinar el país en el que se generan”, señala María del Pilar Martínez Hernando.